El primer día que visité la parcela que alberga nuestros sueños y realidades, sentí que estaba pisando un suelo que iba a ser la matriz de algo muy grande y que, ese suelo junto a las personas que caminaban a mi vera, era algo que yo llevaba mucho tiempo buscando. Una vez terminado el recorrido, guiados por Miguel, buscamos un lugar dónde recapitular y poner en papel las necesidades y siguientes pasos que dar. Ante nosotros apareció una encina majestuosa rodeada de piedras que nos proporcionaban asientos dónde posar nuestras posaderas y, sin decir nada, nos acomodamos bajo su sombra.
El sábado se celebró allí otra reunión de trabajo en la que se repasaron necesidades y se creó un calendario dónde plasmar las actividades para los siguientes dos meses. Una vez terminada la sesión de trabajo se inició la sesión de convivencia dirigida por Nilda y Julio. Fue un momento mágico – como muchos que nos va a proporcionar Alimentando la Sierra- en el que fuimos transportados, la encina y sus bellotas incluida, a La Gran Provincia del Paraguay y convivimos con sus habitantes: los guaraníes. Los guaraníes son un pueblo profundamente espiritual y creen que la tierra es el origen de la vida y le llaman La Tierra sin Mal. La Gran Provincia del Paraguay comprendía parte de Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia y esta vasta extensión es el único lugar del mundo donde crece el mate y la estevia que, cómo no podía ser de otra manera, es la mejor manera para endulzar el mate cocido.

Fue una preciosa lección de historia y también conocimos sus costumbres y personalidad que han perdurado en el tiempo y los paraguayos han conservado y disfrutado. Esa espiritualidad de los guaraníes se refleja en su manera de nombrar el mundo que les rodeaba y la Tierra sin mal es un precioso ejemplo. No me cabe la menor duda que Alimentando la Sierra se va a convertir en eso; un lugar habitado por personas de buena voluntad qué según la Inteligencia Artificial, son personas empáticas que desean el bien para sus semejantes y trabajan para ayudar a otros, a lo que hay que añadir hombres de buena intención que son aquellos que actúan de buena fe buscando un resultado positivo para su persona y sus semejantes.
Eduardo de Armiñán
Bello!